Mis relatos
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En esta contraportada nos vamos a fijar en la lectura de los cuatro relatos indicados, en la
figura de lector y en la del narrador, por tener un gran peso en la redacción de cualquier relato. Así, pues, sobre la lectura apuntaremos lo siguiente: La Lectura es el proceso por el que se da sentido a un escrito. La lectura de una obra de ficción requiere suspender la “descreencia”, es decir, que el lector no cuestione la verdad de lo que el texto dice. Por otro lado, supone su interés y atención ante la trama, los personajes, el estilo, los motivos, etc., lo cual implica cierta destreza en el manejo de los códigos literarios. Mientras la “lectura de contenidos” se basaría en la intención de informarse o aprender algo sobre ciertos temas, la “creativa o estética” pretendería, además de la comprensión del mensaje, detectar y disfrutar las formas, el estilo y los logros estéticos en la expresión de los mismos. En otro sentido, un Lector es la persona que ontológicamente está en el mismo plano que el autor, pues ambos existen fuera del mundo del texto. El lector interactúa, de alguna manera, con el autor en cuanto receptor o destinatario del mensaje literario. G. Prince supone tres clases de lectores: a) lector real (o empírico), b) lector virtual (o supuesto por el escritor) y c) lector ideal o aquel capaz de comprender y valorar la complejidad del texto. En este sentido, la incompetencia literaria del lector sería comparable al ruido en Teoría de la información. El lector adquiere gran importancia a partir de la moderna Estética de la recepción, pues se convierte en creador de sentido al realizar su propia interpretación de la obra; ello se produce en mayor medida aún en las llamadas obras abiertas, en las que el lector aparece com o coproductor del texto. Una obra puede ser leída de manera distinta y complementaria en diferentes épocas y por diversas comunidades o personas.
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