LA HORA
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Los hombres de fe saben que el fin de los tiempos no está lejano, así los cristianos con su Apocalipsis como los mahometanos con la sura La Hora, e incluso los agnósticos lo presintieron vinculando erróneamente este suceso a la llegada de Nibiru en 2012 y al final del Calendario Maya. En todos los casos, las señales del cumplimiento de ese tiempo son inequívocas.
Los últimos signos, las falsas pestes y las vacunaciones masivas (la marca de la Bestia), están presentes ya. Después de esto sólo queda la caída de las estrellas, la apertura del abismo y el tormento de los que tengan la marca de la Bestia (aquellos que se han vacunado).
Pero en las Sagradas Escrituras no se habla de un solo asteroide que golpeará a la Tierra, sino de tres: una montaña ardiente, como de un estadio, Ajenjo, que amargará las aguas, y un brutal tercero, que será el que abra el abismo y libere la última plaga.
El poder, ese mismo que se ha pasado la historia creyéndose Dios, se ha preparado para salvarse de lo inevitable: ha creado crisis financieras y pandemias para saquear los Estados y construir búnqueres subterráneos en los que esconderse (tal y como estaba profetizado), y desde los años ochenta, cuado la Ecuación de Juicio Final arrojó como único resultado una singularidad inevitable, lo han hecho en todo el mundo.
Sin embargo, el tiempo se ha agotado.







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